Zaragoza

Barranco de la Morera, el interior de la estepa

Seguimos reivindicando y descubriendo la estepa zaragozana, esta vez desde sus propias entrañas. Su inconfundible silueta, yerma y uniforme desde la lejanía, revela detalles sutiles cuando se la contempla desde distancias más cortas.

Soto otoñal del Huerva

Esta ruta recorre las paredes yesíferas de la arteria principal de la vertiente este de las Planas de María, donde desembocan una maraña de capilares afluentes. Un territorio que, pese a ser muy frecuentado, es ampliamente desconocido. Hablamos del Barranco de la Morera, la torrentera madre, casi siempre seca, por la que solo discurre el agua de persistentes lluvias.

Luces oblicuas

En su primer tramo, el cauce coincide con el trazado de un camino de tierra que da acceso al castillo islámico de Al-Marya, origen de la población actual, y a la arruinada Paridera de los Majadales, no muy lejos del Corral del Morrón, prácticamente deglutido por el voraz paso del tiempo.

Depósitos salinos en el cauce

Es el barranco también conocido como el de los petroglifos y del bisonte pintado en roca, este último caído en desgracia.

El bisonte es mucho menos bisonte

Son unas obras modestas, talladas en roca, de naturaleza animista, que dan personalidad a este camino y acompañan nuestros pasos en el tramo inicial del barranco.

Cauce abierto
Típica piel de lunares de la estepa con inmensos espartales

Pero lo que llama particularmente la atención son los espectaculares procesos erosivos que se observan en este barranco: los predominantes estratos de arcillas y yesos alabastrinos se contorsionan entre discretos afloramientos de areniscas, margas y calizas, especialmente en la cabecera del barranco.

Encajonamientos

El agua, especialmente ella, ha modelado a su antojo un terreno blando, fácilmente erosionable y casi desprovisto de vegetación. La imagen que vemos es el resultado de la lucha desigual entre violentas barrancadas y la desnudez de la estepa.

Plasticidad de los materiales

Las avenidas, no muy frecuentes, no encuentran obstáculos para cincelar el paisaje cada vez que tienen oportunidad.

Dermis de yesos

Más abierto en su tramo inicial, el barranco se muestra más imbricado y angosto en su tramo medio y alto. El reflejo cegador de los yesos deja paso a los primeros ejemplares de pino carrasco y de sabina negral.

Aparecen sorprendentes marmitas en terrenos yesíferos bien compactados que no ceden con tanta facilidad ante la presión y la fuerza del agua.

Los infinitos espartales ya han quedado abajo, en los lugares más expuestos a la luz solar. Aquí abajo, en invierno, el sol es casi un convidado de piedra.

Angosturas

Solo supervivientes halófilos como el romero, el tomillo, el enebro o la retama de retorcidísimos tallos son capaces de perdurar en estos suelos salinos.

Entre paredes

Conforme vamos ganando metros al barranco, el pino decide ser el protagonista de las alturas de estas muelas. Este árbol es un tiritón, huye del frío de la vega del Huerva y de sus inversiones térmicas, por eso se encarama a los peñascos calizos de estas planas.

Pared con pared
De uno en uno

Crece de forma relicta, aquí no ha habido repoblaciones y eso le añade un incuestionable valor ecológico. Pero la aparición de ejemplares aislados de coscojas, en la parte más alta y umbría del barranco, es la guinda del pastel. Esta tierra enjuta es lo máximo que puede parir de sus entrañas. La mínima expresión del bosque mediterráneo.

Polvo de yeso
Cabecera caliza colonizada por pinos

Y, casi sin darnos cuenta, 7 kilómetros después de desembocar en el río Huerva, pisamos territorio llano. El Barranco de la Morera tiene su génesis aquí, en la enorme plataforma tabular que cobija un sembrado de árboles metálicos que se benefician de la fuerza y tenacidad del viento, un recurso inagotable en Aragón.

Cabecera

Pese a la visión futurista, y para algunos distópica, de estos molinos de viento contemporáneos, no hay que olvidar que estos páramos han sido hasta hace bien poco el refugio de invierno para pastores venidos del corazón del Valle de Ordesa.

En la meseta de la Plana mirando hacia la Muela

Los hermanos Ramón y Aurelio Garcés de Fanlo, montañeses del Sobrarbe, trashumaron por primitivas vías pecuarias hasta los montes de Torrecilla de Valmadrid, actualmente un barrio rural de Zaragoza, a unos 15 kilómetros de María de Huerva. El Acampo de Torrijos fue su lugar de invernada. En 1991, recorrieron con 3105 cabezas de ganado ovino los 220 kilómetros que separan los praderíos alpinos de Fanlo de la densa estepa de Torrecilla por cabañeras medievales.

Panorámica de la muela de María

Las noticias en torno a ellos y a sus peripecias pastoriles terminan en 2010. Eran mayores, se iban a jubilar, no había relevo, nadie quería tomar el testigo. Seguramente, una de las últimas páginas del libreto trashumante aragonés se terminó de escribir durante esos años.

María desde los altos, rodeada de estepa

Las planimetrías manuscritas previas a la elaboración del Mapa Topográfico Nacional no mienten: la práctica totalidad de la superficie llana de la muela está cuajada de “acampos”, el nombre con el que se conoce en Aragón a las fincas de secano del Valle del Ebro que se destinaban a la plantación de cereales y al pastoreo extensivo de ganado ovino.

Alfombra de pinos en las cotas más elevadas

Acampo de Armijo, de Torrijos, de Estrén, de Castillo, de Santa Engracia, del nada engañoso nombre de las Cabras… Esto, pese a la especulación a la que se ha visto sometido, es territorio de pastoreo secular, la cristalización de los refugios de aquellos recios hombres que bajaban a pasar los inviernos más amables de las tierras bajas con sus inseparables rebaños.

El tortuoso Barranco de Enmedio

La bajada hacia María se inicia en la Balsa de Corralé, no muy lejos del Corral de la Balsa. Esta balsa, ahora colmatada, fue receptáculo de las aguas de lluvia y, por tanto, abrevadero para ganado. Solo una pequeña muestra más del legado pastoril de la Plana de María.

Los neumáticos afilados de ruidosas motos han desfigurado estos montes. Topónimos grotescos han renombrado nuevas rutas dejando una herida visible en los mapas y en el paisaje. Digan lo que digan esos planos, el descenso se realiza por la tradicional Senda de la Balsa, la que unía el Corral del Morrón con el Corral de la Balsa.

Plana hacia Cadrete

Seguimos conociendo y valorando el territorio más cercano, el que muchas veces nos es más ajeno, el que ignoramos a sabiendas de que probablemente estamos cometiendo un error. Mejor enmendarse que vivir de prejuicios. La estepa es pura selección natural, es riqueza a ojos del que sabe apreciarla.

Ruta completada:

Barranco de la Morera y Senda de la Balsa desde María

Otras rutas similares:

Barranco de la Morera y Cabezo Sillón por la Arista de Enmedio desde María

Más información:

Estudio geológico de la Plana de María (Zaragoza). Asociación Naturalista de Aragón

Cuadernos de la Trashumancia. Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente

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