Huesca

Escuer, el pueblo que bajó de la montaña

La Tierra de Biescas es fecunda en caminos e historias. De esta villa parten a los cuatro vientos caminos medievales que se conservan en buena medida y que todavía hoy tenemos el privilegio de poderlos transitar.

Amplias veredas

No solo son trayectos modélicos de media montaña, de paisajes abrumadores e indudable estética, sino que son el resultado de una titánica intervención humana para tratar de paliar la enorme y destructora fuerza de la naturaleza.

Terrenos de ocupación antigua

La Tierra de Biescas que hoy vemos en nada se parece a la deforestada de hace poco más de medio siglo, con bancales arañando el último centímetro de terreno fértil y pastos de montaña mantenidos y regulados por una cabaña ganadera mucho más vasta.

Cercados para ganado

Ante tal desvestimiento, ha habido históricamente varios barrancos que han agrietado profundamente la geografía y la sociedad de estas montañas. Recorreremos y conoceremos dos de ellos, en la margen derecha del Gállego, el de Arás y el de Escuer.

Caminos de siempre

Pero hay más, los de Arratiecho, Sía y Oliván también afluyen en el gran río pirenaico por su margen izquierda, dejando una evidente huella erosiva. Transitaremos, en primer término, por antiguos campos de labor, ahora utilizados mayormente como lugar de pasto colindante al municipio pelaire.

Prados y montañas

Durante un corto tramo caminamos por la Cañada Real del Valle de Tena, con un empedrado que delata siglos y siglos de trasiego de gentes y animales. Llegamos al hondo tajo abierto por el barranco de Arás, objeto de una intervención hidrológica tristemente muy reciente.

Desde la coronación de una defensa en Arás

Impresiona encaramarse a una de las defensas parapetadas en este cauce y observar su inmenso cono de deyección, que se funde en el horizonte con el del Sía, regato que recoge las aguas de las laderas meridionales de Tendeñera y septentrionales de Sobrepuerto. Una imagen muy poderosa y elocuente.

Dos conos de deyección fundidos, el del Sía y del Arás

El de Arás, pese a no poseer el sistema vascular de cabecera del Sía, sí cuenta con una pendiente extraordinariamente acusada en comparación con la longitud y superficie del cauce.

En apenas 9 kilómetros, las aguas se descuelgan desde los casi 2200 metros de la Punta Petruso hasta los 940 del cono de deyección, 1260 metros de desnivel, que computan un descenso medio de 140 metros por kilómetro.

Gavín y frondosos bosques de ribera del Gállego

Estas notables cifras destapan una problemática antigua, el corte de vías de comunicación, y otra algo más actual, la colmatación de embalses por arrastre de sedimentos. Y es que los barrancos de la Tierra de Biescas rasgan mayoritariamente terrenos eocénicos de Flysch, relativamente blandos y fácilmente degradables.

Terrenos descompuestos

Antes de penetrar en el bosque de Mundarrey, dominado por el pino silvestre, podremos observar numerosos ejemplares de espino amarillo (Hippophae rhamnoides), el arbusto espinoso que el insigne botánico Pedro Monserrat Recoder, con deseo expreso de ser «mal profeta», calificó como «mata de mal agüero». No podemos evitar el escalofrío.

El bosque que hoy se despliega con madurez sigue siendo testigo de paso del camino vecinal que unió Biescas con Escuer Alto antes de la llegada de las vías carreteras.

Pinos y robles quejigos
Escuer y el llano

En relación con lo anterior, es significativo que este camino esté surcado por una serie de barrancos anónimos que han desmantelado la vereda a su antojo.

Camino de montaña
Tierra de Biescas

Los arañazos de la torrencialidad se dejan sentir también en los rincones más íntimos del bosque.

Arboledas que despiertan

El camino desemboca en uno de mayor entidad, el que conoció el fin del Medievo y el abrazo a la contemporaneidad de los habitantes de Escuer. En el llano existía un molino, unas fértiles huertas y unas cuantas bordas.

Orós Alto y Gavín

En la cuenca de recepción del barranco se arracimaron desde tiempo antiguo unas pocas casas, una torre defensiva y unos exiguos terrenos de labor sometidos a las voluntades caprichosas del cielo.

Barranco de Escuer; seccionamiento a cuchillo de la ladera izquierda

En 1924, dos tercios de las 23 casas que componían el núcleo ya habían migrado al llano. En 1946 ya nadie vivía encaramado en el viejo Escuer. Pedro Ayerbe, ingeniero forestal, publicó en 1923 en la Revista Montes un artículo sin sutilezas en relación con el barranco de Escuer:

Precipicios

 «Es uno de los torrentes que muestra de manera más patente los desastrosos efectos que produce la denudación en los terrenos margosos. Únicamente la lucha por la existencia, la satisfacción de la primera necesidad y la ignorancia, por no llamarla egoísmo, del presente, pudo inducir a los vecinos del citado pueblo a roturar casi totalmente la cuenca de recepción del torrente».

Verde: Escuer; rojo: cabecera del barranco. Deforestación corregida con hileras de árboles replantados. Año 1956.
Fuente: Fototeca Digital CNIG
Amarillo: Torraza; rojo: Escuer. Año 1956.
Fuente: Fototeca Digital CNIG

Uno de los mayores artífices de este traslado fue don Ángel García Benedito, maestro titular de Escuer, nacido en Berdún en 1878. Fue víctima del matonismo y la ojeriza de la guerra del 36, aunque su labor humanista desinteresada es la que debe prevalecer con orgullo frente al odio.

Aguas que bajan del Paco Corozola de Escuer

El trayecto hasta el viejo Escuer gravita sobre el abrupto foso del barranco, como si deambuláramos por el borde de un abismo oceánico emergido. Impresiona el rumor grave del mayenco en el fondo lejano del lecho.

Viejos caxicos

En el solar medieval de Escuer apenas queda nada. Lo poco ligero que pudieron cargar sus antiguos habitantes fue trasladado al llano; las piedras de las casas sirvieron para construir los diques de contención del barranco.

El Escuer deglutido

Solo se significan actualmente la torre de la iglesia de San Bartolomé y la torraza defensiva.

Torraza de Escuer

Esta torre fue en origen un recio inmueble castrense de cinco plantas. En el siglo XVI, la introducción de bóvedas de cañón redujo el espacio habitable a tres plantas.

Planta baja, almacén, techo abovedado sostenido con arcos fajones

Muchas aspilleras dejaron de ser funcionales al ser ocultadas por los nuevos usos.

Primera planta, planta noble
Tercera planta y remate desmochado, visibles por derrumbe del abovedado

Se atisbaban tiempos de bonanza y se abrieron nuevas ventanas al mundo, como la icónica geminada con asientos laterales que no conserva el parteluz, pero sí un aire delicado que habla de una planta ennoblecida con aires góticos.

Delicado ventanal
Cuadratura de saeteras, una de ellas cruciforme con dintel floral

Es, probablemente, la única concesión a la hidalguía que se permitió en Escuer. El grueso de la población no gozó de lujos ni prebendas, dada su ubicación ingobernable.

Cajicar de Escuer, Orós Bajo y puerto de Erata
Fuente del pueblo viejo de Escuer, que aún sigue manando

Por el camino tradicional que conectó Escuer con el Sobremonte, recorreremos lo que antes fueron terrazas de sustento, ahora dominadas por pinos repoblados, dispuestos en hileras como gendarmes.

Campos parcheados de pinos

A pesar de la espesura, el bosque nuevo no ha podido ocultar los usos que tenía esta parte del monte.

Miniatura de toba

Amontonamientos de piedras, que corresponderían a pequeñas casetas o refugios agrícolas, y grandes extensiones abancaladas, complemente infértiles hoy, conservan su huella de trabajo y sudor.

Perspectiva de pájaro

Se llega a un escueto colladillo desde donde se reconoce la imagen poderosa del Sobremonte de Biescas, que descansa bajo los peñones calizos de la Sierra de la Partacua.

Yosa de Sobremonte

Su fisonomía tallada por las gentes de la montaña nos habla de unas condiciones de vida exigentes, pero también de abundancia de recursos primarios.

Coliseo de montañas

Nunca faltaron tierras que cultivar, fuentes que aprovechar, pastos que apacentar y madera que cortar. Nada que ver con el pobretón Escuer, que veía mermados sus medios de vida con cada barrancada.

Muralla del Alto Pirineo

Yosa es el pueblo que atravesaremos antes de descender definitivamente a Biescas, pero Aso y Betés también forman parte de esta terna de aldeas montañesas.

Pionera Dactylorhiza sambucina en prados de altura

En Yosa conviene reparar en un edificio, presumiblemente las escuelas, que aprovecha algunos dinteles y elementos impropios de la modestia de este inmueble.

Existe un dintel fechado en 150[¿7?], a todas luces primeros años del XVI, que muestra grabadas dos hexafolias, símbolos solares, y un ave, aparentemente una paloma, aunque bien podría ser una gallina (no se aprecia el remate de la cola), dado que este animal también se representó en un dintel de una casa fuerte de la localidad.

A su lado se expone un Cristo crucificado de alabastro muy meteorizado de hechuras toscas e infantilizadas, con todas las reservas del mundo, de posible adscripción románica.

A Selba de Yosa

Tan solo nos queda bajar hasta Biescas por un camino que es una delicia de cierre, por su cubierta forestal, con robles centenarios —algunos de ellos trasmochados— y la presencia simbólica de las Señoritas de Arás, dos columnas morrénicas generadas por erosión diferencial con bloques de cuarcita como testas y materiales más blandos como monolitos.

Chopo trasmochado

Se les conoce en el ámbito formal como chimeneas de hadas, chamineras de fadas en aragonés o dames coiffées en francés, que vendrían a ser la representación pétrea de señoras con toca o cofia, pertenecientes a la alta burguesía del país vecino en los siglos XIX-XX.

Señoritas de Arás

Aunque para los de Sobremonte, mucho más prosaicos, estos elementos visiblemente fálicos no eran más que o Cura, el más robusto, y a Casera, el más esbelto, que recoge con socarronería y familiaridad la tradición oral en estas montañas del libertinaje de la curia.

Barranco de Arás

Solo queda en pie o Cura, pues a Casera se desmoronó en 2005. Si nos fijamos bien, en el talud posterior se adivina la formación de una nueva chimenea, a la que habrá que otorgarle un nombre popular, si es que ya no ha sido bautizada.

La serpiente que quiso ser árbol

La circular se cierra en Biescas con la sensación de haber vivido intensamente lo recorrido. La margen derecha del Gállego guarda historias que conviene destapar, sentir y caminar.

Escuer sigue escribiendo su historia en el llano y el Sobremonte sigue siendo el vigía de la Tierra de Biescas en las alturas.

Ruta completada:

Escuer Alto y Yosa de Sobremonte desde Biescas

Más información en:

Satué Oliván, Enrique (2016, 2017). Don Ángel y el pueblo redimido I, II y III. Revista Amigos de Serrablo, Sabiñánigo.

Tarazona Grasa, Carlos (2013). En el Arás… ¡sudarás! Blog Esmemoriáus.

Tarazona Grasa, Carlos (2013). El Barranco Escuer. Blog Esmemoriáus.

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