Teruel

Linares de Mora, cumbre entre cumbres

Linares de Mora reposa entre montañas. Su propia ubicación encastillada en un altozano obedece a evidentes funciones defensivas. Le bordean alturas rayanas a los 2000 metros y le afluyen dos ríos, el Valdelinares y el Paulejas, que alumbrarán al Linares, afluente del Mijares, otro río de ascendencia turolense.

Linares desde Santa Bárbara

A su incontestable patrimonio arquitectónico, le secunda un acervo natural de proporciones gigantescas. Basta subir al mirador de Linares o a la ermita de Santa Ana para reparar en ello.

Linares desde Santa Ana

En comparación con otras regiones más austeras, Linares posee agua en abundancia, huertos feraces —algunos de ellos aún laboreados—, madera y pastos de excelente calidad.

Huertos a la vera del río

En suma, un sector primario hoy algo deprimido, pero valioso en fondo y forma. No todo aquí se ha fiado al turismo redentor, porque en los altos puertos de Valdelinares y en algunos prados de Linares sigue paciendo una respetable cabaña ganadera de vacuno.

Prados ramoneados de camino al Escobón

Por el pueblo aún se sigue viendo en verano a un pastor de cuna que, retirado, sigue conduciendo todas las mañanas a un menguado hatajo de ovejas de la raza Cartera, localizada exclusivamente en la Sierra de Gúdar, y en peligro de extinción.

Berberis hispanica o agracejo

Los inviernos los pasa en un pueblo del Campo de Turia valenciano, pero con la primavera deshace el camino hasta sus orígenes, porque como dice sin ninguna doblez «esto no se puede dejar, un pastor lo es siempre».

Humilde caudal estival del Valdelinares

Son diversas las rutas que nos permiten profundizar en la herencia más directa de este pueblo serrano de la Sierra de Gúdar. Una de ellas nos lleva por el camino de Santa Bárbara hasta el pino monumental del Escobón y el valle del Molinete.

El gran Escobón

El trayecto se acoda al discurrir del río Valdelinares, naciente en el puerto homónimo. Este río de régimen pluvionival achaca notablemente los estiajes y puede mostrarse seco en superficie en determinados tramos permeables.

Monumento natural

La senda que nos despide de Linares es ampliamente transitada por la gente del pueblo, ya que desemboca en uno de sus emblemas naturales, el pino del Escobón. Este pino laricio (Pinus nigra subsp. Salzmannii) es el de mayor envergadura inventariado en Aragón, que ya es decir.

Copa con forma de enorme escobón

Se le estima cuatro siglos de vida, lo que significa que su semilla presumiblemente eclosionó en la conocida como Pequeña Edad de Hielo, concretamente en el período del Mínimo de Maunder.

Pino del Escobón el 10 de octubre de 1949
Fotografía: Francisco López Segura; fondo: Instituto de Estudios Turolenses
Calizas forradas de pinos

Son más de cuatrocientos inviernos de nieve, viento y frío sobre su anciana copa. Este gigante es un auténtico superviviente, venerable por sí mismo, por haber brotado del hielo y perdurado hasta nuestros días en un mundo sobrecalentado por la actividad humana.

Choperas en terrenos húmedos

Sus dimensiones hablan de su grandeza: 5,8 m de perímetro de base, 5,05 m de perímetro a 1,30 m de altura, 21,7 m de diámetro de copa y 28 m de altura. Su aspecto no es inmaculado, por tener una amplia herida en el tronco al habérsele extraído teas utilizadas para el alumbrado preindustrial.

Caducifolias de camino al Molinete

Con los achaques propios de un árbol varias veces centenario, sigue siendo orgullo de los linarenses, que se solazan bajo su enorme parasol a la vera del río. Su pervivencia se recoge en una jota que aún se sigue cantando en jornadas festivas y que dice: «tres cosas tiene Linares que no las hay en todo Aragón, la Iglesia, la Cueva Mona y el Pino del Escobón».

Aguas esmeraldas

Más arriba, se halla, en un territorio totalmente asilvestrado, el Molinete, uno de los cinco molinos hidráulicos que hubo en el término municipal. Se inserta en un rincón de enorme belleza, por donde discurre un barranco tributario del Valdelinares, de aguas de extremada pureza.

Detrás de esa pantalla forestal se encuentra el Molinete

Entre la avasalladora vegetación arbustiva y arbórea que ha renaturalizado este enclave de rostro masovero, todavía se cuelan frutales que antes complementaron la dieta de los habitantes de este molino y que hoy solo alimentan a turbas de pajarillos que encuentran el maná en ellos.

El Molinete

El edificio del Molinete amenaza inminente ruina y, pese a la maraña vegetal que lo abraza, aún es posible admirar su formidable estructura irregular de tres plantas, su tejado a dos aguas, sus nueve vanos de iluminación de disposición anárquica y su revoco blanco hoy mancillado por la humedad.

Fuente del Oro exhausta

Al Molinete lo acordonan dos barrancos, el del Mas de las Fuentes y el de la Lozana. Este último es acreedor de una surgencia de naturaleza kárstica a espaldas del molino, la conocida como Fuente del Oro.

Pelophylax perezi o rana común

Este nacimiento, exhausto en veranos secos, tiene tipología de trop plein y solo ha de rebosar cuando el acuífero se sature en períodos de lluvias intensas o nevadas copiosas.

Cauce de cristal

Los depósitos tobáceos conforman cascadas derramadas, de estéticas imposibles y donde la naturaleza acuática se siente y se ve en forma de helechos, musgos y avellanos que retienen la humedad reinante.

Últimas elatas

La vuelta se completa por el camino del Mas del Río para, desde la margen derecha del Valdelinares, apreciar el encastillamiento de Linares cuyo núcleo se esparce hacia el cálido sur en viales paralelos interrumpidos por breves callizos y se guarece del frío norte gracias a un cantil amurallado.

Castillo, muralla natural, Barrio del Puente y puente del Loreto

Llegamos a Linares por el Puente del Loreto, de origen califal del siglo X, que solo conserva unos pocos sillares de esa época y que fue reformado ampliamente en siglos posteriores. De romano tiene poco, pese a que algunos textos parecen apuntar hacia esa filiación.

Puente del Loreto, puente trashumante

El Barrio del Puente, situado ya muy cerca de la confluencia del Valdelinares y el Paulejas, exhibe una postal congelada de lo que fue el Linares autárquico y precapitalista, de edificios de orgullosa y conservada traza popular, de travesías empedradas y de poyos tallados en roca.

Casas de piedra sobre cimientos y calles de piedra

El otro río de Linares es el Paulejas y ve la luz cerca del Alto del Monegro, a casi 1900 metros de altitud. Su cuenca de recepción es mayor que la del Valdelinares y eso se traduce en mayores caudales estivales. Comparte con su hermano, eso sí, unas aguas de una transparencia vítrea.

Camino del Paulejas al lado de la Masía El Batán

El trayecto escogido sube por las lazadas del camino del Tajal, no muy lejos de la Cuesta de Rubielos, por donde desfilaron recuas de caballerías transportando minerales ricos en zinc, como esfalerita, smithsonita o hidrocincita, extraídos de las deficitarias explotaciones de Antonia y Avecilla, Resurrección y Porvenir de principios de siglo XX. Su destino: la estación de Rubielos de Mora, inaugurada el año 1900.

Aguas del Paulejas

El camino pasa al lado de las ignoradas ruinas de un molino de aljez y de la cantera de yeso rojo asociada. Antes de que la cal blanca o azul llegara a estas tierras en los siglos XVIII-XIX, las casas linarenses se enlucían con aljez, revestimiento tradicional que aún perdura en algunos rincones del casco urbano, si uno aguza la vista.

Camino del Tajal, parcheado de pinos

Habría que imaginar un Linares medieval de monocromáticas fachadas y tejados rojos —al estilo del actual Albarracín—, en contraposición al blanco y rojo que hoy dibuja su paisaje urbano.

Entorno montañoso de Linares

Desde el camino del Tajal, emprendemos la bajada entre perfumes de resina hasta el cauce del Paulejas para dirigirnos hasta el Pozo Navarro, un verdadero oasis mediterráneo, zona de baño tradicional de los linarenses.

El Pozo Navarro del río Paulejas

Sus aguas gélidas invitan a un baño casi siempre breve y a la sosegada contemplación, no solo de su flora y fauna, sino también de la espectacular geología que atesora este punto de la Sierra del Monegro.

Aguas de la alta montaña turolense
Orthetrum cancellatum o libélula azul

La Masía del Arenal domina el paisaje eminentemente ganadero a la vuelta. Sus diferentes edificaciones, en no muy buen estado, se levantaron en torno a una pequeña explotación de arena blanca, de ahí su nombre.

Masía del Arenal

El patrimonio masovero de Linares es descomunal. A principios del siglo XX, hasta 89 masías garantizaban la explotación agrosilvopastoril de forma sostenible del término municipal.

Camino de Linares a Alcalá de la Selva

Este hábitat disperso de raíz medieval contabilizaba a finales del XIX en la zona oriental de Teruel unos 3500 asentamientos que acogían a nada más y nada menos que a 17 000 almas.

Camino de Paulejas, que aún vincula Linares con el Mas de Paulejas

En algunos pueblos cercanos como Puertomingalvo, el 80 % de la población se repartía en las 213 masías que punteaban su término.

Piedra seca, patrimonio de la humanidad

Decir que las montañas que hoy vemos en Linares de Mora y comarca han sido cinceladas por la comunidad masovera es casi afirmar lo obvio, pese a la invisibilidad de su trabajo.

Mas de la Rocha

Sin embargo, su presencia e importancia han sido secularmente ignoradas en beneficio de comunidades rurales más preponderantes en el folclore e imaginario popular, como la cultura pirenaica.

Mas del Río

Estos auténticos custodios o guardianes del territorio trashumaban al antiguo Reino de Valencia o, lo que es lo mismo, «bajaban al Reyno», propiciando flujos comerciales y culturales ricos y diversos, que luego lamentablemente se han tornado en arterias desangradas de emigración.

Linares desde la Rocha

Porque este patrimonio masovero es tan de todos y de tantísimo valor como cualquier otro catalogado. Solo parecemos funcionar con etiquetas, y a veces ni eso.

Linares desde la montaña masovera
Linares de Mora (perfecta forma en L) y entorno fotografiados el 5 de junio de 1957.
Transformación prodigiosa de la montaña

Aun siendo el eslabón más frágil de la gestión tradicional del mundo rural, su percepción es visible en forma de caminos empedrados, muros de piedra seca, casetas de pastor, terrazas de cultivo, prados de siega, eras, majadas, cotos, edificios auxiliares, viviendas…

Camino sobreelevado para evitar arrastres

Hoy son residencias ocasionales, objeto de arrendamientos ganaderos, casas de turismo rural, ruinas o casi ruinas que se adormecen entre rosales silvestres y herederos disgregados, pero han sido y son, y son porque están y porque su obra es palpable.

Linares de Mora da para entender su relación con el no tan lejano Mediterráneo, para comprender su querencia por el mar, para saber por qué miran hacia el este periférico y no hacia el oeste interior. Para conocer su profundísima raíz rural, alejada de tópicos y de postales de fin de semana.

Rutas completadas:

Pino del Escobón y el Molinete desde Linares de Mora

Pozo Navarro y Mas del Arenal desde Linares de Mora

Mas de la Rocha desde Linares de Mora

Fuentes consultadas:

Notas históricas sobre Linares (por Fernando Schleich). Web linaresdemora.com

Reyes Garreta, Ánchel (2019). Un legado escondido: la cultura masovera en Aragón. Web Sociolochía.

Frutos Mejías, Luisa María y Ruiz Budría, Enrique (2014). Los mases, elementos fundamentales en la estructura del paisaje turolense oriental. Edita Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Pirenaico de Ecología y Universidad de La Rioja.

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