Huesca

Pardina del Señor, el bosque renacido

Decía Albert Camus que el otoño es una segunda primavera donde cada hoja es una flor. El bosque de la Pardina del Señor es por derecho propio, aunque también otorgado, uno de los retazos naturales más bellos del Pirineo.

Panorámica del bosque

Es precisamente cuando la luz solar comienza a languidecer cuando su rubor polícromo pinta el paisaje con unos trazos sublimes, como si quisiera compensar durante unas pocas semanas el equilibrio de color de las montañas.

Cruce del Chate

Curiosa manera la que tiene la naturaleza de mudar hacia el invierno íntimo, con la demostración de una vergüenza llamativa, haciendo suyos los tonos ambarinos y púrpuras de ese astro que le abandona.

Esta selva de Fanlo es todo lo que cualquier naturalista puede desear. Su biodiversidad y complejidad de hábitats entretejen uno de los retales naturales de mayor riqueza ecológica de la fachada pirenaica.

El flysch de Fanlo

La evidencia son los árboles viejos que copan sus depresiones, altos y hondonadas, que se adaptan a unas condiciones climáticas cambiantes en función de una orografía muy específica.

Amalgama mediterránea y atlántica

En cuestión de metros se puede mudar de un bosque mediterráneo templado de robles quejigos a un bosque de influencia atlántica de abetos que apuntan hacia las nubes como tachuelas gigantes.

Noble caxico

En las hondonadas húmedas por donde se deslizan aguas gélidas aparecen diversas especies de helechos y hongos, estos últimos con excelsa representación en el constante y renovado mantillo superficial y en troncos y tocones de madera muerta.

Por cierto, que esos leños en proceso de pudrición no son indicativos de un bosque sucio, sino vivo, en constante renovación y evolución, vinculado estrechamente a sus dinámicas naturales.

Ventanas hacia la policromía

Las codiciosas hayas, que han creado un bosque monoespecífico, se orientan al norte y al noreste para absorber los influjos húmedos septentrionales.

Otoño iluminado

En especiales recodos de alta higrometría aparecen especies como abedules, tilos y arces. Los álamos temblones y los fresnos de hoja estrecha tampoco faltan a la cita de los bosques mixtos.

Pardina del Señor

Pero este bosque no siempre fue así. Las apariencias engañan. La mitificación de estas arboledas como lugares vírgenes y oníricos es un enfoque tramposo e interesado.

Fresnos de hoja estrecha acompañan a las ruinas

El bosque de la Pardina del Señor, hace escasos sesenta años, era una sucesión de rodales boscosos, interrumpidos por fajas de cultivo y prados de siega y pasto.

Hayedo húmedo

Lo que hoy desde el cielo se vislumbra como una selva impenetrable, densa y heterogénea, en la década de los 60 del pasado siglo venía de ser un territorio intervenido, con abundantes claros y discontinuidades que frenaban el avance de un bosque que, unas cuantas décadas más tarde, ha deglutido con voracidad los vestigios humanos.

Pardina del Señor en agosto de 1957. Vivienda principal y edificios auxiliares con cubierta
Visión de conjunto: Fanlo (rojo) y pardina (verde). Bosque inexistente. Agosto 1957

Con su espectacular recuperación demuestra que estas montañas le pertenecen desde antiguo, por meras cuestiones bioclimáticas y edáficas, y que el ser humano fue un invitado circunstancial, condenado a pelear esforzada y estérilmente con una selva terca e invicta.

Pero el ser humano convivió con este bosque y lo que hoy vemos es en parte fruto de su trabajo. Aún se ven frutales asilvestrados entre el follaje y árboles de trabajo indultados cerca de las ruinas.

Instinto de supervivencia

Porque sí, antes que la Pardina del Señor, se llamó Pardina Ballarín. El topónimo actual data de mediados del siglo XIX, cuando la Casa del Señor de Fanlo adquirió la propiedad y las tierras de esta vieja pardina.

Auricularia mesenterica, vitales descomponedores

Una vez deshabitada por los propietarios, el cuidado de las tierras y de la casa se encomendó a diversos casales de Fanlo, que mantuvieron vivo el régimen de explotación agroganadero heredado del presumible poblado medieval de Vallarín.

Estos hoy minúsculos pero nada intrascendentes vestigios de ocupación son el origen de uno de los apellidos de origen infanzón más amplificados del Altoaragón. Su primera mención documental data del Censo de Fogajes de 1495. Este linaje fundó casales en poblaciones como Asín de Broto, Benasque,  Bolea, Castanesa, Gistaín, Liri, Quicena, Sariñena y Torrolluela de la Plana, entre muchos otros núcleos.

Barranco d’Ixos

Los hoy apellidados Ballarín deben saber que proceden originariamente de la casa matriz de este lugarejo, hoy dormido en un bosque mullido y acolchado, antaño seguramente muy pretendido por los excelentes pastos que albergan los pueyos que coronan la sierra a 2000 metros.

Arquillo ciego de la iglesia de la pardina

Acodados al norte de las ruinas de la pardina, yacen velados los restos de la antigua parroquial del despoblado, completamente colmatada, pero aún revelando su filiación románica de hechuras lombardas, presumiblemente del último tercio del siglo XI, principios del XII.

La Pardina Ballarín dio nombre a un bosque que, en su parte inferior, es atravesado por un barranco de alumbramiento calizo, que comienza a fluir desde los espolones que se desgajan de Diazas y la Sierra de las Cutas, antesala de la gran exhibición de Ordesa.

El Chate en su tramo medio

Al poco de nacer «canta» en su tramo de las Gloces, luego construye castillos de rocas impetuosamente arrastradas en la Glera Ballarín y, por último, «muerde» en su tramo medio y final, atendiendo a su toponimia Jalle-Chate, con un cono de deyección de manual en los llanos de Planduviar.

Último propietario de la pardina: Casa del Señor de Fanlo con torre defensiva del XVI

Un curso de agua vivo, nombrado, escuchado, que canta y muerde, que deposita y crea, que cambia y arrastra es un río que es y existe, que estuvo y está.

Barranco de mil nombres

Todo ello, nos sirve para dignificar el sudor y el sacrificio que también han regado los troncos de la floresta que hoy nos maravilla. Su morfología tiene forma de hacha, de uñas mordidas por la tierra, de cántaros llenos, de medidas de vino, de dientes de rumiante, de trillos y de mulos.

La naturaleza luego hizo su encomiable parte, la que ahora tomamos como un regalo, la que admiramos porque sabemos que no nos pertenece, la que por su densidad se esfuerza en mostrar que nuestro dominio en la margen derecha del barranco del Chate fue simplemente testimonial.

Ruta completada:

Bosque de la Pardina del Señor desde Fanlo

Fuentes consultadas:

Broto Aparicio, Santiago (2005). Los Ballarín: infanzones altoaragoneses. Nuestras raízes del diario del AltoAragón.

Mascaray, Bienvenido (2015). Gloces, Jalle, Chate. Cuadernos altoaragoneses del diario del AltoAragón.

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