Zaragoza

Liso, semilla de Fuencalderas

Fuencalderas fue y sigue siendo territorio de frontera. Su término, hoy incluido en el de Biel, linda por el norte y el este con las localidades de la Hoya de Huesca de Villalangua y de San Felices, barrio de Agüero.

Fuencalderas desde O Contadero

Pero no solo en lo geográfico, sino también en lo ecológico. Fuencalderas se encuadra en el límite sureste de la protegida Sierra de Santo Domingo, perteneciente a las Sierras Exteriores pirenaicas, y constituye un corredor ecológico de primer orden entre las sierras prepirenaicas de Leyre y Guara.

Hacia el monte de Liso

También lo fue en lo demográfico, pues fue tierra rayana, depositaria de tensiones entre las sociedades cristiana y musulmana.

Otoño marcescente

En los siglos XI y XII, el hoy término de Fuencalderas era «tierra de nadie», territorio abiertamente hostil, objeto de incursiones de castigo entre ambos contendientes.

Esas convulsiones se tradujeron en unos menguados contingentes demográficos que, a día de hoy, se siguen manteniendo pero por motivos totalmente diferentes.

Otoño caduco en Planulero

Se asientan en plena Edad Media unas estructuras de poblamiento disperso, precisadas en aldeas diseminadas, que hoy subsisten congeladas en la toponimia local, como Castillón, Coscollas o Artaso, o plasmadas en discretas pero relevantes muestras arquitectónicas.

Sugerente camino de As Barelletas al paso por antiguos viñedos

Es el caso de Eliso, que llegó a ostentar el título de villa, y de la que ahora solo pervive una ermita que fue iglesia, una torre de lo que fue un castillo defensivo y un sistema de terrazas que fue fórmula antigua de sustento.

Corral en Palaziones

No es demasiado lo conservado, pero suficiente para entender la importancia de este enclave estratégico, que se constituyó como eslabón de una cadena defensiva que vinculaba las plazas de Biel —a occidente— y de Murillo de Gállego —a oriente—.

El mismo corral en subida

La línea se trazaba a través del Castillón, despoblado medieval muy probablemente fortificado, y de la Collada de San Felizes o d’as Lastras, confluyente en Agüero.

Quejigar dorado

Debió de ser una plaza importante la de Eliso junto con las fortificaciones vecinas de Biel o Murillo, gozando de un dominio visual privilegiado y de una notable significación estratégica.

Por su interior

No mucho más arriba de la actual torre, en una atalaya eminente, los fuencalderinos conocen al castillazo como la estructura defensiva anterior a los restos actuales, quizá en algún momento conquistada por las tropas de Almanzor a finales del siglo X.

Gran corral con serenau

Al margen de hipótesis, esta frontera defensiva se diluyó en los siglos posteriores y esta suerte de Extremadura aragonesa se pacificó de tal forma que la villa de Eliso comenzó a perder relevancia en favor de Fuencalderas.

Vigas y tiellos de boj

Esta última se levantó presumiblemente en torno a una torre defensiva más meridional ubicada en el lugar conocido como Pacatorre, contracción de Paco a Torre, es decir, «la umbría de la torre».

Hacia Agüero

Eliso se despobló finalmente en el siglo XVI, centuria en la que se consagró la iglesia de Nuestra Señora de la Esperanza de Fuencalderas.

Barranco de Reacuba

Con este trasvase demográfico, sus habitantes buscaron un terreno más amable y fructífero, lejos de los abruptos montes que tenían a sus espaldas.

Las rallas de Liso

Fuencalderas fue siempre un pueblo de gran tradición ganadera, especialmente de vastas cabañas lanares.

Cristalinas aguas de la Reacuba

Mantuvo una relación especialmente estrecha con los valles ganaderos occidentales de Ansó y Echo, pues lo cruzaba una cabañera que guiaba a los rebaños ansotanos y chesos desde las estivas del Pirineo occidental hasta los pastos de invierno y acampos de Zuera, Zaragoza o Pina de Ebro.

Antiguos mares emergidos

Este camino inmemorial atravesaba Berdún por la sierra de Forcala para afrontar las primeras estribaciones de la sierra de Santo Domingo en Martes y, en esforzado ascenso hasta Sangorrín, arribar al Collado de Campo Grande, donde las cabañas se bifurcaban hacia Longás y Ejea de los Caballeros o hacia la Pardina de Nofuentes y Fuencalderas.

Las rallas desde la antigua pardina de Samper

Auxiliarmente la economía familiar se apoyó en una notable infraestructura apícola. A finales de los años 50 aún se conservaban 100 colmenas.

Roble sagrado

De forma residual, se realizaban caveras para la obtención de carbón vegetal y tejas árabes en dos tejerías que cesaron su actividad a principios del XX.

Hacia Ayerbe, tierra plana

En un alarde de aprovechamiento ecológico de los recursos propios del monte bajo, los fuencalderinos, a finales de agosto tras las labores de trilla, y en el impasse hacia la siembra, recolectaban la tan abundante flor del espliego para obtener la esencia de esta aromática, utilizada para todo tipo de aplicaciones cosméticas cuyo extracto vendían.

Panorámica del Paco San Miguel

Y es que los caminos que suben hacia el monte de Santo Domingo, atraviesan bosques mixtos mediterráneos donde los quejigos, las carrascas y los pinos carcallos tejen tupidas alfombras forestales.

Frontera cristiana medieval: collado de San Felices y castillo de Marcuello

Entre esa vegetación sobresaliente, brotan auténticas muestras de arquitectura popular, donde se siente el legado de los hermanos Aragüés, Gregorio y Antonio, dos piqueros inconmensurables de Fuencalderas, que preservaron una tradición familiar de al menos tres generaciones.

Binomio castillo-fortaleza e iglesia de San Miguel de Liso

El camino de Pierrondán, donde a mitad de trayecto hasta San Miguel de Liso la tradición oral sitúa la pisada del guerrero franco Roldán impresa en una roca, coincide con la vereda que sube, a través del encinar del Paco Lezinar, al antaño importante lugar de Salinas de Jaca y a la Pardina Ferrera.

Ábside románico de la iglesia original del XII

El traslado a las vertientes de umbría de Santo Domingo se realiza por una serie de portillos y colladas, únicos flancos débiles de unos espectaculares estratos verticales, que cobijan los últimos hayedos atlánticos maduros y vigorosos de la provincia de Zaragoza, junto con los del Moncayo al oeste, antes de toparse con la inmensa cuenca del Ebro.

Capiteles y ajedrezado jaqués reaprovechados de la antigua iglesia de Eliso
Losa funeraria empleada como bancada

El barranco de Os Vergales, que tantos huertos regó, horada este vallejo interior y se marcha corto de agua de Fuencalderas pero con caudal persistente a tributar al Gállego al lado de Concilio.

Entre las innumerables marcas de cantero, un báculo

No lejos de Fuencalderas, e incluso en su parte alta, aparecen algunos retazos de vides, herencia de unos temporeros que en siglos pasados cruzaron los Pirineos para vendimiar en Francia.

Los corrales nos siguen advirtiendo de qué se vivía en esta tierra

El mote de «gabachos», tradicionalmente despectivo en el universo montañés, toma en este caso un perfil tangible. Gabachos fueron por ser migrantes temporales y por traerse de vuelta al pueblo palabras y expresiones del idioma francés.

Por el camino de Pierrondán

Este lugar, en los confines de una tierra histórica, alberga infinidad de historias grandes y pequeñas, viejas y no tan viejas, de una belleza remota, que injustamente bebe del olvido de los tiempos.

Barranco Os Vergales, quizá alusivo a la abundancia de vergueras o sargas

Se ha postergado hasta tal punto que se olvida que la rama materna de un tal Francisco de Goya y Lucientes procedía de un poblado colgado en el monte de Longás de nombre, claro, Lucientes, luego establecida en Uncastillo y, con posterioridad, en Fuendetodos.

La frontera de Agüero

La noble villa de Eliso terminó sus días consumida por los nuevos cambios sociales y económicos posmedievales y devorada por un terrible incendio que redujo a cenizas el poblado.

Nuestra Señora de la Esperanza de Fuencalderas

El tesón de unos cuantos entusiastas vecinos de Fuencalderas nos permite disfrutar aún de un molde congelado de la línea defensiva que parapetó a un reino cristiano en ciernes en las montañas frente al poderoso poder musulmán, dueño y señor de las llanuras oscenses.

Fuencalderas desde las eras

Cuántas huellas no quedarán ocultas, cuántas no se habrán perdido, cuántas no amortiguadas por la espesura de estos montes… Mientras los resortes de otra época dormitan, la crónica de Fuencalderas se sigue escribiendo con letra presente.

Ruta completada:

San Miguel de Liso desde Fuencalderas

Fuentes consultadas:

Arbués Possat, José (2019). Mi vida rural en Aragón. Zaragoza: Xordica Editorial.

Mainé Burguete, Enrique (1993). Relaciones hombremujer. Estudio etnográfico de una pequeña localidad de las Cinco Villas (Fuencalderas). Temas de antropología aragonesa, n.º 159, pp. 164-221.

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