Teruel

Barranc Fondo, la modestia de un río

El río Mezquín lleva impresa la humildad que le confirieron los árabes que habitaron estas tierras tranquilas del Bajo Aragón. El topónimo miskín, del árabe andalusí, delata su cortedad y pobreza de aguas.

Molí Siscar

De cuando «mezquino», adaptación morisca, traslucía originalmente insignificancia, pequeñez o miseria y al étimo no se le había investido el sambenito de pobreza de espíritu o racanería, tan del gusto de la tradición judeocristiana de señalar al que menos tiene.

Acueducto del molino

En este mismo sentido, la población serrana de Belmonte de San José, en cuyo término brotan las fuentes de cabecera de este río, se llamó hasta 1980 Belmonte de Mezquín, año en el que consideraron que más les convenía no ser catalogados de «mezquinos». En cambio, el topónimo sí se conserva en Bellmunt de Mesquí, su denominación catalana.

Mangranera asilvestrada

Paradójicamente, este río de escasos 20 kilómetros de desarrollo es el último afluente de aguas no esporádicas en aportar un caudal mínimo al gran Guadalope, segundo afluente en importancia de la margen derecha aragonesa del Ebro, tras el Jalón.

Bancales de piedra seca

Sin embargo, su brevedad como cauce fluvial no le ha impedido labrar un cañón de formas caprichosas, al que llaman Barranc Fondo —barranco hondo—, que ha posibilitado el aprovechamiento humano sistemático hasta fechas muy recientes.

Remansos del Mezquín
Cuenca del Mezquín en 1957; el brazo más ancho es el Barranc Fondo

En la actualidad, solo desciende hasta su cauce la cabaña ovina que puede desplazarse y apacentar en los tramos menos espinosos; sin embargo, la explotación agrícola de frutales mediterráneos de secano se ha desatendido sin vuelta atrás. Almendros y olivos ya asilvestrados juegan a confundirse con la vegetación espontánea que tutela con recelo el hilillo de agua del Mezquín.

Cova Taulera

Entre la maraña, aún se adivinan abrevaderos y manantiales mínimos, la mayoría cegados, en completa armonía con la modestia del lugar. Se construyeron canales de riego y azudes para sazonar anecdóticas parcelitas de riego e impulsar ruedas de molinos harineros.

Lo antropizado se asilvestra

El más relevante de los cuatro que conoció el Barranc Fondo fue el Molí Siscar, que hace de tangente entre los términos de Torrevelilla, Belmonte y La Codoñera. No solo acopiaba las aguas del Mezquín, sino del intermitente barranco de la Torreta.

Encinas que bajan a beber al cauce

Las aguas que empleaba en la molienda no eran devueltas al cauce principal, sino que eran reutilizadas por los regadíos de La Codoñera a través de un providencial acueducto, que salvaba la hendidura abierta por el arroyo de la Torreta. El aprovechamiento hidráulico era minucioso y prolijo.

Aprisco en uso

Cómo no iba a serlo en un lugar habituado a estiajes prolongados, a pluviometrías estrechas. En los momentos en que los manaderos y los pozos se evaporaban, solo el Mezquín ofrecía la posibilidad de llenar los cántaros y lavar las ropas.

Azud árabe del Mezquín

Fueron precisamente los árabes los que sublimaron el arte del regadío, el pueblo que supo sacar frutos del secano más irredento y cohabitar dignamente con la ausencia pertinaz de precipitaciones. Palabras como acequia, almenara, azarbe, aljibe, aceña, alberca o azud se filtraron en los recovecos del idioma como lo hace el agua en la tierra.

Socavación lateral en el cauce

Los pioneros nómadas del Neolítico ya corrían estas grietas de agua en busca de sustento, a tenor de las pinturas rupestres halladas en Torrecilla de Alcañiz, en el curso bajo del río Mezquín. En los refugios abiertos en los costados del cauce, los pastores sedentarios moldearon los primeros apriscos que se han mantenido hasta hoy sin apenas modificaciones sustanciales.

Cierre de la majada

El más excepcional de todos es la Cova Taulera, cuyo topónimo se desdibuja entre los pliegues del idioma catalán. En la Concordia de 1624, figura como cueba Taulessa. Hasta nosotros, el topónimo ha llegado levemente modificado como Taulera, donde, si nos atenemos a la evidente base toponímica, taula es indiscutiblemente «mesa».

Hendiduras

Por su parte, taulera nos sumerge en realidades neblinosas. Todas sus acepciones han caído en desuso. Un tauler era un recaudador de tributos, que administraba el pago de impuestos en una taula de canvi o mesa de cambio. La cercanía de los términos de Torrevelilla y Belmonte quizá justificara la presencia de un cambista en la Cueva Taulera.

Terrazas de cultivo con bajadores

En un plano aún más hipotético, quizá hubiera en tiempos una modesta tejería-teulera (¿posible deformación del étimo taulerateulera?) o existiera un espacio en la cueva dedicado a la conservación de quesos en tablones [de madera]-tauleres. Nada es concluyente, pero sí enormemente sugerente.

Barranc Fondo selvático

La formación de estas viseras y abrigos está relacionada directamente con los materiales más o menos friables que componen el Barranc Fondo. Después de que la corriente de agua incidiera en V en el zócalo superior de conglomerado por su mayor dureza, las areniscas y arcillas basales se degradaron fácilmente en U conformando un valle de fondo de plano.

Belmonte y su río Mezquín

Las etapas de extensión e incisión se encadenaron, —el proceso no se ha detenido—, lo que generó una sucesión de terrazas aluviales que se convirtieron en bancales de cultivo y ensanchamientos laterales que serían apriscos ganaderos.

Perfiles unidos en V en un Mezquín apretado

El ser humano antropizó el barranco desde antiguo, lo maquilló en función de sus necesidades, aunque siempre entendió que era el caos el que gobernaría su destino: de las laderas siguen desprendiéndose gigantescos bloques de piedra que taponan el cauce e invocan fuerzas no solo inaprensibles sino caprichosas.

Olivar de Torrevelilla

Estos abrigos no sirvieron en exclusiva para guarecer a pastores y animales en la quieta sombra y frescura del barranco. En la ominosa guerra española, la población civil bajó en marzo de 1938 hasta el vientre del Barranc Fondo para ocultarse durante varios días del fuego cruzado que calcinó la cuenca del Mezquín. Acabada la contienda, los vecinos de Torrevelilla, por ilustrar la magnitud del ensañamiento, tuvieron que afrontar el futuro con el 80 % de su pueblo arrasado.

La Torreta, casa de campo del XIX

En ese reguero de historias, brota entre la espesura vegetal una especie de cañaheja en peligro de extinción, Ferula loscosii, la férula aragonesa que nominaron en honor al tenaz botánico turolense Francisco Loscos, que pasó sus últimos días en Castelserás, en la confluencia del Mezquín con el Guadalope.

Lavadero de Les Fonts

Arriba, en las tablas profusamente sembradas de olivos a los pies de la Sierra de la Ginebrosa, el ayuntamiento de Torrevelilla impulsó en 2019 un proyecto para catalogar sus olivos añosos y las casetas agrícolas en piedra seca asociadas a los cultivos. Su inspiración, sin duda, el consolidado propósito de custodia del territorio de la Mancomunitat Taula del Sénia.

Torrevelilla

Los objetivos integran la comprensión, integración, catalogación y conservación de unos ejemplares viejos que solo toleran los cuidados manuales y equilibrados. Se quiere evitar el expolio y la especulación, se quiere consolidar una identidad paisajística y social.

Olivares del término

Aquí paisaje y cultura-cultivo, que comparten la misma raíz latina, se encuentran sin imposturas. El Bajo Aragón Histórico se reconoce en la imagen que proyecta su olivar. Y contemplarse con nitidez en lo que se fue y se sigue siendo es imprescindible para reavivar la filiación de las comunidades con su tierra.

Ruta completada:

Barranc Fondo desde la partida de Les Planes de La Codoñera

Fuentes de consulta:

Albesa Pedrola, Elena (2017). Concordia entre la villa de Alcañiz y los barrios de Valdealgorfa, Valjunquera y La Codoñera (1624). Edición y aproximación lingüística a este texto notarial del Bajo Aragón. Zaragoza: Institución Fernando el Católico.

Bel Caldú, Pedro J. (2017). Guerra en el Bajo Aragón (3): Batalla de La Codoñera (I). Blog «Historias del Bajo Aragón».

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