Zaragoza

Puy Moné, el cierre montañoso de Luesia

La Sierra de Santo Domingo es la gran espina montañosa de la comarca zaragozana de las Cinco Villas. No siempre se conoció oficialmente con ese nombre, ya que dispuso del nombre vernáculo de San Esteban, en relación con el santo aglutinador de estas montañas.

Camino de creboles o acebos

Por causas que hoy se siguen ignorando, tal y como apuntó en 1802 Mateo Suman en los Apuntes para el diccionario geográfico del Reino de Aragón, la sierra se nominó en honor a Santo Domingo de Guzmán en torno al siglo XVIII, cuando el monasterio benedictino de San Esteban de Orastre/Oraste se mostraba rebajado a la condición de ermita.

Liquera o mostajo

El priorato de San Esteban descendió del cenit de la montaña en fechas desconocidas —aunque podría  especularse con un traslado en el siglo XV— para establecerse en la iglesia de San Esteban de Luesia. La vida monacal debía ser especialmente miserable a más de 1500 metros sobre el nivel del mar. No cuesta imaginárselo.

Bosque mixto del Palangar

La montaña vincula indisolublemente Luesia y San Esteban, una montaña que en su término se denomina Sierra de Luesia, la cual despliega una sucesión de brazos que descienden de un zócalo conglomerático que ha sido desbastado por la red de drenaje del Arba de Luesia. Estas vales de fondo plano han sido y son una fuente de aprovechamiento primario para el pueblo.

Collada de la Balsiruela

Las inmediaciones del refugio de l’Artica son un compendio de actividad forestal y ganadera. Los aprovechamientos de madera y de pastos siguen siendo una constante en unas vertientes densamente arboladas. En las laderas orientadas al noroeste del Monte de la Val, prospera uno de los hayedos más extensos de la provincia de Zaragoza, con permiso de los del macizo del Moncayo. Es el Fayar de Gozapaño.

Val d’Iguara y Moncayo

La Val, territorio comunal por excelencia de Luesia, era territorio de pastores duleros que corrían los pastos de estas hondonadas en veceras, es decir, en turnos acordados por los vecinos para cuidar el ganado del común.

Os Tablaus y Santo Domingo

Tanto dula, de raigambre árabe, como vecera, de origen latino, aluden bellamente a la gestión colectiva del «turno» y la «vez», insertos en un campo semántico que hoy suena ajeno, no solo por los modos actuales de gestión y manejo del ganado, sino por la estela que deja un mundo rebozado en el individualismo.

Malpaso, toponimia inequívoca

Como suele suceder con la inmensa mayoría de bosques ibéricos, los que hoy transitamos bien son productos de campañas de repoblación, bien son feroces renaturalizaciones. En esta pequeña hoya montañosa, la cubierta forestal se ha recuperado con vigor, apenas dejando ver el duro sustrato sedimentario en la parte inferior de vales y varillones.

Paisaje estriado

En la Balsiruela, después de emboscarnos por la selva mixta del Palangar a través del sendero del crebolar —donde los acebos dominan parte del sotobosque—, se abre ante nuestros ojos, por una parte, la cuerda culminante de la Sierra de Luesia y, por otra, la cubeta del barranco descendente de Valdiguara/Val d’Iguara.

Puy Moné y sus cielos

No lejos de su desembocadura en el Arba, en el monte público de Fayanás, se desarrolla una singular mancha forestal de poco más de 15 hectáreas que, en 2018, el Gobierno de Aragón tuvo a bien declarar Arboleda Singular.

Pasillo de Sibirana y pirámides navarras

Se trata del pinar salgareño de Valdiguara. Esta especie, Pinus nigra subsp. salzmanni, la endémica de estas montañas circunmediterráneas, conforma un reducto autóctono aislado en un paco orientado al frío cierzo, con algunos ejemplares maduros que germinaron en el primer y segundo tercio del siglo XIX.

Pastos finos hacia la Punta del Rufo

La peculiaridad que le ha valido su protección es que no se ha hibridado con Pinus nigra subsp. nigra o pino laricio, empleado de forma sistemática en campañas de repoblación forestal por su gran capacidad de adaptación y naturalización.

Hacia Puy Fonguera desde Cabo Val

En el vértice somero de la sierra, si el día es propicio, podremos avistar el horizonte como aves de altos vuelos. Puy Moné, Puy Fonguera y Punta de Cabo Val son los hitos físicos que nos conectan con los confines de esta tierra que cabalga entre Navarra y Aragón.

Prolongación del espinazo hasta las puertas de Huesca

Puy Moné se lleva la fama por situarse sobre ella un visible observatorio forestal, pero la que carda la lana es la Punta de Cabo Val, el auténtico techo de esta serranía luesiana, la cual, atendiendo a su toponimia, culmina y encierra el valle que se abre a sus pies. Pocos hitos geográficos quedan fuera de nuestro alcance, aunque sería tedioso nominarlos de forma particular.

Biel y Fuencalderas

Ojos despiertos para observar dos puntones piramidales situados en el área de influencia sureste de Pamplona. Son Higa e Itzaga, que nos recuerdan la cercanía de la capital de la comunidad foral, a no más de 50 kilómetros en línea recta de donde nos encontramos.

Lizcarrón, escarrón, arce

Las torres gemelas del castillo de Sibirana, despoblado de origen altomedieval, en unas lomas cuarteadas por un abanico de capas perfectamente estratificadas de la formación Campodarbe, cementadas con areniscas, margas y conglomerados de origen fluvial.

Bosque maduro en la Mata del Pueyo

También, en pleno cauce del Arba de Luesia, la zona de Pigalo —que no Pígalo—, punto de interés fluvial y geológico. Cómo no, Os Tablaus, la impresionante ralla caliza que da forma a la popular quijada de la Sierra de Santo Domingo. Tras esta sucesión de molares de piedra, emergen célebres topónimos como el de Lucientes, el apellido materno de un «tal» Francisco de Goya.

El gran tejo de la Mata

Efectivamente, existió un núcleo medieval llamado Lucientes, que vio nacer a los antepasados de Gracia Lucientes Salvador, madre del pintor aragonés, que descendieron de las escarpadas montañas protegidas por el Castillo de San Marzal para asentarse, en fecha indeterminada, en la próspera villa medieval de Uncastillo.

Biodiversidad forestal

De más lejos provenía su familia paterna, concretamente de Zerain, en la provincia vasca de Gipuzkoa, donde aún se conserva el apellido en su grafía original Goia, forma no castellanizada de Goya.

Selvas cerradas desde la cabecera de la Val de Luesia

Y a grandes rasgos, porque pintan el paisaje en letras mayúsculas, el Pirineo y el Moncayo, con sus efigies clásicas, inspiradoras y reconocibles, que abrochan las costuras aragonesas por el norte y el oeste. De bajada, Biel y Fuencalderas, y más allá la cadena ondulante de San Felices, Agüero y Murillo, perforada por un poderoso río Gállego. Ayerbe también, incluso la testa de Gratal y el reflejo de cristal líquido de la Sotonera.

Camino del Correo velado por chaparros o robles quejigos

En el monte de la Mata del Pueyo, cabe destacar no solo la presencia de un tejo monumental como rareza botánica, sino la densidad boscosa que proyecta al sustrato una sombra vieja y pesada. Las imágenes de hace más de setenta años reflejan que este rodal de la Mata permanecía esencialmente vedado al aprovechamiento humano.

Hayedo que baja de la Punta del Siete

Y de ese indulto, esta consistencia forestal, con fustes gruesos y nervudos, que ocluyen tenazmente la bóveda forestal, bajo un tapiz de follaje umbrío y profundo, herencia de largos y silenciosos inviernos sin interacción humana destacable.

Fayar de Gozapaño

Desde la Collada de las Neveras partía el camino del Correo que comunicaba las villas de Luesia y Biel. El correo postal llegaba a Luesia desde Biel, que a su vez era transportado por otros carteros desde la importante estación de tren de Ayerbe. Los sudores de la entrega postal pedestre del siglo XX.

El bosque no deja ver el bosque

Desde esta collada, se perpetúa la sombra y el silencio, la del hayedo de Gozapaño, la de cualquier hayedo puro. Atmósfera cargada de geosmina, afonía rota por algún trino afilado. Es la sensación mágica y desasosegante de los hayedos. Será que no nos habituamos del todo a estos ambientes atlánticos, que difieren tantísimo de nuestros bosques mediterráneos de pinar y sol filtrado, cuyos aromas resinosos fueron testigos de nuestras galopadas y siestas infantiles.

Caminos forestados

Esta ligazón de sierras exteriores pirenaicas refleja una biodiversidad desbordante, que no escapa a su condición fronteriza que amalgama la alta montaña y el valle del Ebro, así como una historia fecunda de pueblos y aldeas que se esfumaron por ingobernables e improductivas ante el avance del primigenio Reino de Aragón.

Haya y luz, ecuación perfecta

También el impulso final de unas gentes que huyeron de las escarpaduras para asentarse al amparo de la gratitud de dos fuentes, la de Formayor y La Goya, para fundar Luesia y estampar su sello de generaciones en las montañas que dejaron atrás.

Ruta completada:

Puy Moné desde el Refugio de l’Artica de Luesia

Fuente consultada:

La Carracla (2019). Número 40. Luesia: Revista de la Asociación Cultural Fayanás.

2 comentarios sobre “Puy Moné, el cierre montañoso de Luesia

  1. Increible!!! el respeto que has mostrado a la lengua, a la naturaleza y cultura del monte, es digno de alabar. Pocos locales serían capaces de hacerlo con tanta precisión y pasión. Me he quedado sorprendido gratamante. Agradecemos tambien que los articulos de toponimia y lengua de La Carracla sirvan como fuente y base inspiradora. Será un placer saludarte.

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