Teruel

Rambla de Nueros, la mudanza del paisaje

El chopo cabecero se integra emocionalmente en el paisaje de buena parte de la provincia de Teruel. No se puede soslayar su condición aglutinadora del horizonte rural turolense, sistemáticamente deforestado por las necesidades de permanencia de pastos ante la presión de la cabaña ganadera.

Paisaje mixto

Los primitivos bosques de encinas y robles naturales se acantonaron en los puertos de las más altas serranías, y siempre fueron intervenidos, bien en forma de aprovechamiento silvícola, bien en forma de explotación de dehesas o en régimen mixto.

Erosión contenida

La elevada altitud media del norte y este de Teruel facilitó el acceso del entramado de pueblos y aldeas a los recursos básicos para su pervivencia. La ausencia de relieves abruptos posibilitó la fijación de estructuras primarias agrícolas y ganaderas en la práctica extensión de los términos municipales.

Espacios más abiertos

Tales necesidades acarrearon la casi total desaparición de la cobertura forestal. Los vastísimos páramos turolenses, pese al declive actual de las prácticas y manejos tradicionales, siguen colmando rotundamente la retina del que tiene la suerte de contemplarlos. Cualquier discreta loma elevada puede convertirse en un mirador anónimo que atraviesa el horizonte con una profundidad insólita.

A escala humana

La cúspide de esa intervención humana en el medio se fraguó con la transformación de los antiguos bosques de ribera en dehesas fluviales gracias al cultivo y la poda sistemática de chopos cabeceros. Decenas de miles de álamos negros gestionados por el común para colmar los menesteres de madera, bien valioso y escaso.

Remansos de sombra

La rambla de Nueros es una de los mejores retratos de ese aprovechamiento ancestral y universal, que hermana a culturas tan heterogéneas como la anglosajona, flamenca, ibérica o norteafricana. Esta rambla, cuyo punto de descarga se sitúa a los pies del Santuario de la Virgen de Pelarda, viene a nacer en las laderas meridionales de la Retuerta de Fonfría.

Otoño avanzado

Su caudal es estable durante todo el año, dada la amplitud de su cuenca hidrográfica, excepción hecha de los períodos de sequía estival o de las violentas avenidas que se suceden tras episodios de intensas lluvias, frecuentemente de naturaleza convectiva.

Paridera del Molino de Nueros

Al evidente aprovechamiento humano de madera y leña mediante la técnica de la escamonda,  no se pueden obviar otros beneficios ambientales asociados a estas hileras de álamos negros y, en menor medida, de sauces y fresnos, plantados en meandros. Una de ellas, el mantenimiento a raya de los procesos erosivos.

Árboles prendidos

Se comportan como cajas retenedoras de la erosión y evitan que las bruscas barrancadas se salgan de madre y afecten a las fincas y tierras colindantes. Además, el sistema radial, junto con la materia orgánica que tributan los árboles muertos en forma de tocones u hojas desprendidas cada otoño, contribuyen al enriquecimiento del sustrato, incrementando enormemente la biodiversidad en sus riberas.

Encuentro del barranco del Pozuelo y la Riera de Nueros

Solo hay que ver las praderas de juncales y pastos frescos de herbáceas que crecen al amparo de la sombra benevolente de unos árboles de luz como los chopos. Dirige tu mirada a los cerros de alrededor, castigados duramente a la intemperie, y fíjate en el sustrato desgastado, empobrecido y ralo. Los diferencias saltan a la vista.

Luz aúrea

Hoy por hoy, que el aprovechamiento de estos chopos «cabezones» es simbólico, no se pueden negar los servicios ecológicos que aún (nos) siguen prestando estos cordeles vegetales. Conviene recordar que, a efectos prácticos, funcionan como corredores forestales que vinculan los puertos superiores, normalmente bien vegetados, con las zonas bajas de valle.

Continuidad forestal: chopos, pinos, marojos

Este hecho confiere a los llanos cerealistas de concentración parcelaria una biodiversidad de la que carecerían en caso de que fueran meros cerros roturados de continuidad agrícola.

El compacto marojal de Pelarda

La rambla de Nueros, como todas, fue paso de gentes y ganado. Estos pasillos de salicáceas no solo servían de fuente primaria de madera para la extracción de vigas o «chopas», sino de abrevada y solaz de los pastores de los pueblos circundantes.

Antiguo lugar de Pelarda

En unos pueblos de mirada horizontal, de observación franca y expedita, de sueños lejanos alcanzables, los chopos constituían el único elemento vertical que les asía a la tierra.

Dianthus carthusianorum L., clavel montano

La emoción se integra y forma parte del paisaje. Estos bosques son los que una vez plantó el abuelo del bisabuelo, los que renovó la familia entera cuando una ciercera hizo estragos en su parcela, los que nunca olvidó el nieto emigrado o los que el vecindario evitó que se talaran cuando algunos uniformados decían que ya no rentaban.

Santuario de la Virgen de Pelarda

 

Interior del templo en 1958 antes de la última reforma. Archivo López Segura.
Fuente: Instituto de Estudios Turolenses

Son, sin duda, los árboles del pueblo, depositarios de la memoria colectiva de la gente. Por eso, es un paisaje cultural, porque es cultura en letras destacadas, porque exige y ofrece cuidados.

Relieves modestos

De la cuenca del río Pancrudo, la rambla de Nueros es la que presenta una mayor densidad de chopos cabeceros por kilómetro lineal: un total de 172. La monumentalidad de algunos de ellos justifica su valor intrínseco, pero la pérdida del turno de desmoche es la mayor amenaza que compromete su futuro.

Cercados naturales

Hace ya más de treinta años que se practicó la última escamonda en estos álamos de Nueros, y pese a que la parte superior de la rambla goza de buena salud general, el tramo inferior se debate entre árboles con ramas puntisecas o desgajadas o ejemplares en franco decaimiento, con troncos ahuecados por la podredumbre y cuyas ramas quién sabe cuántas ventoleras más podrán resistir.

Atardecer dorado

El viento no es un agente modelador cuidadoso y realiza un desmoche «natural» agresivo y normalmente incompatible con su conservación. Cuando el manejo del escamondador cesa, las grandes vigas trasladan a tanta altura su centro de gravedad que las leyes físicas solo tienen que cumplir su parte. La descompensación en la copa y la continua falta de cuidados harán el resto.

Sombras densas

En el punto culminante, el Santuario de la Virgen de Pelarda de Olalla no se rodea de chopos cabeceros, sino de uno de los marojales de Quercus pyrenaica más robustos del norte del Teruel.

Dobles hileras

También se hace acompañar de un pinar repoblado mediante prácticas esencialmente manuales en los años 40 del siglo pasado, el cual no ha medrado con demasiada vitalidad, aunque sigue cumpliendo con su función protectora del suelo.

Apogeo otoñal

Este santuario no es más que el heredero irreconocible de la iglesia parroquial de un núcleo medieval no hallado pero sí documentado cuyo nombre era Pelarda que, a su vez, nominó a la serranía que tiene a sus espaldas. Su última reforma de entidad data de 1967, después del hundimiento del templo anterior.

Barrachina y Sierra de Lidón

De más que probable fundación en el siglo XII, como gran parte de los lugares aledaños, tras la decisiva victoria en 1120 en la cercana Cutanda de Alfonso I el Batallador, solo resistió como entidad poblacional hasta el siglo XIV.

Eras de Nueros

Las razones de su pronta desaparición solo se presumen a falta de hechos probados. ¿Peste negra, climatología adversa a más de 1300 metros de altitud, limitado acceso a tierras de cultivo? Un totum revolutum de precariedad que concuerda con la inmensa mayoría de las extinciones demográficas medievales.

Cordel de chopos en el secano cerealista

La naturalización de las masas forestales de chopos cabeceros sigue su curso, una evolución ecológica propiciada por la ausencia de intervención humana y su propia senilidad. El agotamiento de los árboles será la fuente de energía de otros seres que accionarán la compleja rueda de la vida. Y nosotros somos parte del movimiento.

Ruta completada:

Santuario de la Virgen de Pelarda desde Nueros

Fuente consultada:

De Jaime Lorén, Chabier; Herrero Loma, Fernando (2007). El chopo cabecero en el sur de Aragón, la identidad de un paisaje. Calamocha: Centro de Estudios del Jiloca.

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